Se constató que el cuerpo receptor de agua pluvial está azolvado, enfrenta erosión. Es más, el tule y otras plantas acuáticas están secas, el nivel de agua ha descendido en forma crítica.
Por las bajas precipitaciones anuales, el vital líquido se encuentra a unos seis metros en declive. Es notoria la presencia de pescadores que ingresan al embalse en busca de carpa y charal. En total, 60 familias de cuatro poblaciones se dedican a la pesca y el kilogramo lo venden en 60 pesos.
Asimismo, en Santa Clara, San Luis, La Trasquila, San Pedro y San Juan Atlangatepec, la población que se dedica a la crianza de borregos y vacas utiliza agua de la presa para abastecer a su ganado.
Ya que no existe vigilancia de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, la población de ajolote queda indefensa, aunque la extracción está prohibida por tratarse de una especie en peligro de extinción.
En las inmediaciones al embalse hay basura, el lugar también es aprovechado para la pesca con anzuelo.
No hay trabajos de saneamiento de la Conagua ni del Ayuntamiento de Atlangatepec desde hace varios años, aunque durante la Semana Santa ven fortalecidos sus ingresos al facilitar espacios a los visitantes a cambio de una cuota de ingreso al agua.
Además, sobre el espejo de agua hay contaminación (plásticos, botellas de vidrio y cartón), y la misma situación prolifera en el área de desfogue de la presa, a un costado del Centro Acuícola que coordina la Secretaría de Impulso Agropecuario.