La inspección de los embalses era puntual a cargo de personal de esa dependencia, en las presas Mariano Matamoros y Atlangatepec, porque en las inmediaciones habita un importante número de pobladores.
Después de una década, no se desperdicia el agua pluvial almacenada ni se desfoga. Aun así, la sequía recurrente, la evaporación, el uso en la agricultura y ganadería, han disminuido drásticamente sus niveles, de acuerdo con reportes del organismo meteorológico.
Y esto se refleja con sequías en jagüeyes, ríos, zanjas, canales, lagunas y represas de menor tamaño.
La irregular temporada de lluvias de la que se tiene registro desde hace dos lustros impacta negativamente, pues todo está seco.
La presa Atlangatepec, la más grande de Tlaxcala, disminuyó el espejo de agua de mil 90 a 760 hectáreas, es decir, tiene un 54.5 % de llenado. Han desaparecido 330 hectáreas de agua superficial.