En la conmemoración de los 500 años de la fundación de la Ciudad, Ignacio Rodríguez Rodríguez, investigador y fundador del grupo cultural Centli, impartió la ponencia “La Bula Papal y su influencia en el estado de Tlaxcala”, en la que abordó la trascendencia de dichos documentos eclesiásticos en la legitimación política y religiosa de la zona.
Previo a la conferencia, Elizabeth Pérez Maza, coordinadora estatal de Bibliotecas Públicas, comentó que la ciudad de Tlaxcala es una mezcla de culturas y tradiciones que han perdurado a lo largo de los siglos, es un lugar de encuentro y diálogo entre diferentes pueblos y civilizaciones desde la época prehispánica hasta la actualidad; así que la ciudad es un crisol de culturas que han enriquecido la identidad e historia, aspectos que permanecen en los espacios de las bibliotecas del estado.
En la Biblioteca Central Miguel N. Lira, ubicada en el municipio de Tlaxcala, el conferencista precisó que dichos documentos han servido históricamente para definir cuestiones fundamentales dentro y fuera de la Iglesia, como son las canonizaciones, concilios, excomuniones, indulgencias y hasta disposiciones que influyeron en el rumbo de naciones enteras.
En el caso del continente americano, recordó que las llamadas Bulas Alejandrinas y otras emitidas en el siglo XVI concedieron a los Reyes Católicos derechos de exploración y evangelización en las Indias Occidentales, así que debido a ellas fueron fundadas las primeras diócesis en el Nuevo Mundo y se legitimó la expansión religiosa y política de España en tierras americanas.
Particularmente para Tlaxcala, la Bula pontificia Devotionis Tuae Probata Sinceritas, promulgada en 1527 por Clemente VII, fue resultó decisiva, con la cual fue autorizó el traslado de la sede episcopal a la ciudad, bajo la advocación de Santa María de la Purísima Concepción.
Indicó que la Bula sería para Yucatán, pero Tlaxcala era entonces una de las regiones más pobladas y había desempeñado un papel clave como aliada de los españoles en la conquista.
Rodríguez recordó que el primer obispo designado fue fray Julián Garcés, dominico aragonés y predicador de Carlos I, quien encabezó la vida eclesiástica desde Tlaxcala y fortaleció su posición como centro político-religioso; hecho que marcó un antes y un después en la historia de la ciudad, al vincular de manera directa su desarrollo con las estructuras de poder de la Corona y de la Iglesia.
Antes de entrar en el tema central, el ponente habló sobre los orígenes de los tlaxcaltecas, desde la migración hasta su consolidación en los cuatro señoríos de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuixtlán.
Subrayó que, al momento de la llegada de Hernán Cortés en 1519, Tlaxcala era una república indígena con autonomía y con un sistema de gobierno comparable con las grandes ciudades europeas.
El encuentro con los españoles implicó conflictos, pero libraron intensas batallas antes de establecer una alianza militar y política, pero esa unión le dio a Tlaxcala un estatus frente a la corona española. A diferencia de otros pueblos, no fue considerada conquistada, sino aliada, lo que derivó en privilegios y reconocimientos oficiales como el título de “Muy Noble y Leal Ciudad”.
Para Rodríguez, el papel de Tlaxcala en la historia no puede entenderse sin esta relación especial con la monarquía y la Iglesia. La fundación de la diócesis, los escudos de armas otorgados y los títulos honoríficos consolidaron su importancia en la época colonial y explican por qué la ciudad fue reconocida como un centro neurálgico del poder novohispano.
La charla también planteó una reflexión sobre la manera en que las bulas papales, más allá de ser decretos religiosos, funcionaron como instrumentos políticos de gran alcance. En ellas se mezclaban lo espiritual y lo terrenal, lo divino y lo estratégico, trazando el mapa de los territorios y las jerarquías del naciente Virreinato de la Nueva España.
Antes de cerrar la plática el ponente invitó a valorar la herencia histórica de estos documentos y su impacto en la identidad de Tlaxcala, pues reiteró que la Bula Papal fue la base que legitimó la ciudad como centro religioso y político.
Asimismo, expresó que la actual conmemoración de los 500 años no es sólo un recuerdo del pasado, sino una oportunidad para reconocer la vigencia de Tlaxcala como tierra de memoria, dignidad y resistencia cultural.




