Las celebraciones patronales de mayo están acompañadas de mole tlaxcalteca, representativo elemento que sirve para convocar a familias enteras y fortalecer los lazos comunitarios. Varias de estas fechas ya formaron parte del calendario festivo, como las conmemoraciones en honor a San Felipe Apóstol, en Ixtacuixtla, y la Virgen del Monte, en Cuahuixmatlac, así como las celebraciones dedicadas a la Santa Cruz en distintos puntos del estado, entre ellos Santa Cruz Tlaxcala, Tetlatlahuca, Quilehtla, Panotla y Chiautempan.
El 15 de mayo se celebrará a San Isidro Buensuceso, en San Pablo del Monte; el 20 de mayo a San Bernardino de Siena, en Contla; el 22 de mayo a Jesús Tepactepec, en Nativitas; y el 26 de mayo la Ascensión en la comunidad de Huitzcolotepec, en Xaltocan.
Si bien estas fechas están marcadas por el calendario litúrgico, en muchas comunidades es habitual que la fiesta principal se recorra al domingo más cercano, lo que permite una mayor asistencia de familiares y visitantes.
La elaboración del mole implica organización y trabajo previo. Días antes de la celebración, las familias comienzan con la preparación de ingredientes en un proceso colectivo que se desarrolla en cocinas tradicionales, donde predominan las cazuelas de gran tamaño. Cada receta guarda particularidades propias, transmitidas de generación en generación.
Durante la fiesta, las viviendas que fungen como sede reciben a numerosas personas invitadas que comparten el alimento. Esta dinámica también mantiene vigente una práctica comunitaria que consiste en que quienes acuden llevan algún presente, como pan o fruta, en señal de agradecimiento y apoyo mutuo.
La celebración se extiende más allá del día principal. En muchas localidades se conserva la costumbre de recalentar el mole al día siguiente, momento en el que se vuelve a compartir el platillo. Asimismo, es común que las familias preparen itacates, porciones adicionales que se entregan a familiares y amistades para prolongar la festividad en otros espacios.




