Entre paredes deterioradas, estructuras vacías y vestigios de lo que alguna vez fue una de las industrias más importantes de la región, permanece la antigua fábrica Polifil, en la jurisdicción del municipio de Ixtacuixtla.
Ahí, donde durante décadas hubo maquinaria, trabajadores, varios turnos de producción y camiones que trasladaban mercancías, hoy quedan principalmente paredones a punto de derrumbarse y los vestigios de un inmueble que sus antiguos trabajadores todavía intentan vender.
Industrias Polifil S.A. de C.V. inició actividades en Ixtacuixtla en 1974, durante el gobierno de Emilio Sánchez Piedras, y llegó a ocupar un terreno de aproximadamente 16.5 hectáreas, de acuerdo con Eligio Chamorro Vázquez, quien trabajó en la empresa como laboratorista y actualmente es secretario general adjunto de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Tlaxcala.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) documentó que en 1986 Industrias Polifil tenía mil 480 trabajadores, lo que permite dimensionar la magnitud de la planta dentro de la actividad industrial de Tlaxcala en su primera década, registro histórico que identifica a la empresa dentro de la fabricación de fibras de polipropileno.
Chamorro Vázquez platicó que Polifil utilizaba polipropileno, material importado de Estados Unidos de América, como materia prima para producir hilo, y, según explicó, durante sus años de mayor actividad la fábrica mantenía una importante dinámica laboral, otorgaba prestaciones de ley a sus empleados y contaba con transporte para trabajadores de diferentes puntos de Tlaxcala y Puebla.
Era importante trabajar en Polifil porque era una de las empresas que tenía mejores salarios en Tlaxcala, relató el extrabajador, quien ingresó a la compañía en 1977, cuando, según su recuerdo, laboraban alrededor de mil 500 personas.
Indicó que los años setenta, ochenta y noventa fueron, desde su perspectiva, la época de mayor bonanza, pues, a su decir, la fábrica ofrecía salarios y prestaciones que hacían atractivo el empleo y permitió que numerosas familias de la región tuvieran en Polifil su principal fuente de ingresos.
La empresa también estuvo vinculada a la producción textil que llegó al mercado bajo la marca Pliana. De acuerdo con un registro histórico, la marca identifica a Industrias Polifil como titular de Pliana, era para productos relacionados con hilos y fibras textiles, con uso comercial registrado desde 1974. Incluso, los hilos fueron usados por una empresa también extinta ubicada en ese tiempo en Ciudad Industrial Xicohténcatl, en Tetla, cuyo nombre no fue posible identificar.
Chamorro Vázquez contó que el esplendor industrial comenzó a desaparecer con la llegada de nuevas fibras que compitieron con el polipropileno, y fue la competencia lo que redujo clientes y, con ello, la producción de Polifil.
Acompañado de Emilio Flores Morales, quien trabajó en la fábrica durante 26 años como mecánico industrial, recordó que para 2003 comenzaron los paros técnicos, y la plantilla se redujo de más de mil 500 trabajadores a aproximadamente la mitad mediante despidos, principalmente.
Rememoró que la situación se agravó hasta que la empresa dejó de contar con recursos suficientes para cubrir los salarios y, en diciembre de 2004, dejó de pagar prestaciones como aguinaldo y vacaciones.
Indicó que, ante el incumplimiento del contrato colectivo de trabajo, el Sindicato Nacional de la Industria Petroquímica emplazó a huelga, y el movimiento estalló el cinco de enero de 2005, fecha que el extrabajador identificó como el momento en que Polifil cerró sus puertas.
Para entonces quedaban 608 trabajadores, quienes, con el cierre definitivo, perdieron su fuente de empleo.
Consideró que la huelga significó para ellos quedarse sin salarios y prestaciones de fin de año, pero el sindicato los apoyó mediante un fondo de resistencia que, según Chamorro Vázquez, permitió a los trabajadores afrontar los primeros meses del conflicto.
La empresa ya atravesaba dificultades cuando ocurrió otro problema que terminó por complicar todavía más cualquier posibilidad de reactivación.
Chamorro Vázquez explicó que el huracán Katrina afectó instalaciones instaladas en la zona de Nueva Orleans, Estados Unidos de América, donde se producía el polipropileno que utilizaba Polifil, y la interrupción del suministro obligó a los propietarios a buscar otros distribuidores para conseguir la materia prima y mantener la posibilidad de reabrir la planta.
El material podía conseguirse con otros proveedores, pero a precios mucho más elevados; entonces, los costos hicieron inviable continuar con la producción y terminaron por cerrar cualquier posibilidad de reapertura.
Después del cierre comenzó otra etapa para los 608 trabajadores: recuperar los bienes de la empresa, como una forma de acceder a su liquidación.




